La Ruta del Silencio y más

Cuaderno de viaje

Me gusta oír radio cuando conduzco, programas hablados más que música. Hace unas semanas estaba escuchando un programa sobre rutas en España y captó mi atención una en Teruel llamada la Ruta del Silencio. Explicaban que eran aproximadamente 60 Km de carretera lenta y paisajes espectaculares. Se lo comenté a Miguel, mi marido, buscamos un camping cercano y nos fuimos por cinco días a Aragón. Así sin más, sin muchas cavilaciones.

Silencio es lo que encontramos, paisajes que te dejan muda/mudo, sobran las palabras ante la grandeza de la naturaleza, ante las construcciones que aún tienen gran esplendor después de siglos transcurridos. Entonces ocurrió, me enamoré/nos enamoramos de Aragón. 

Se dice que cuando viajamos vamos a descubrir lugares pero realmente pienso que en los viajes nos descubrimos a nosotros mismos a través de las nuevas aventuras y experiencias que vivimos. Es por eso que me encanta viajar, con conciencia, sin rumbo muy fijo, abierta a los desvíos y los cambios de planes. Este viaje a Aragón tuvo todos esos ingredientes y me procuró/nos procuró hermosas vivencias y contacto con la naturaleza y conmigo/con nosotros mismos.

La belleza natural de la zona, la historia, la espiritualidad, la conservación de las casas, iglesias y monasterios son admirables en unas tierras de calor y frío intensos. 

Quiero/queremos volver, adentrarnos en la vida monástica, bañarnos en los ríos y respirar la sencillez y complejidad de la vida.

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