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Mis Rutas

Historias, Mis Rutas

Bravo Pueblo

abril 21, 2017
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La pobreza no se tapa con pintura de colores. Eso fue lo que quiso hacer Chavez y sus secuaces a lo largo de estos laaaargos 18 años de dictadura, primero camuflada y ahora destapada totalmente. La pintura aguanta un ratico y ese ratico ya pasó.

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Engañaron a la gente que harta del bipartidismo quiso tomar el camino fácil de “aquí-viene-el-hombre-que-va-a-arreglar-esto”. Y como dice el dicho “peor fue el remedio que la enfermedad”. Pero tenemos que asumir que la enfermedad existía.

Ahora se está viviendo algo completamente nuevo para los venezolanos de mediados del siglo XX. Hemos emigrado, nosotros que no emigrábamos, que acogimos a gentes de Europa (mis abuelos, mis padres), Asia y Latinoamérica. Son ahora nuestras familias las que han quedado divididas por la distancia, buscándonos la vida en otras tierras. Pero lo más difícil lo están viviendo los que quedaron allí, esos venezolanos que han creído en el país y que le han dado no una segunda oportunidad sino una tercera, cuarta, quinta… y para ya de contar. Esos venezolanos que han sufrido la escasez. Que han sentido la tristeza, ya lo creo, de ver como han ido poco a poco destruyendo la infraestructura de uno de los países con más riquezas naturales. Los que viven en ascuas con tanta inseguridad y violencia. Los que no tienen agua, gas ni electricidad. Los que mueren a diario por falta de medicamentos comunes como antibióticos o anestesia. Por ellos me quito el sombrero, los aplaudo y les deseo que esta lucha diaria que han tenido por todos estos años haya valido la pena. Espero que estemos finalmente llegando al fin de esta pesadilla y que pronto se comience a reconstruir el país y la vida de todos los venezolanos.

Desde la distancia tampoco es fácil. Sufro por mi tierra, mi familia, mis amigos y mis compatriotas. Yo tomé el camino que algún día ofreciera Bolivar cuando dijo: “Huid del país donde uno solo ejerce todos los poderes: es un país de esclavos”. Es hora de demostrar que quienes quedaron allí NO SON ESCLAVOS. Es la hora del Gloria al Bravo Pueblo.

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Historias, Mis Rutas

Recuerdos de Cocina

marzo 4, 2017
Huevos-y-cebollas-web

La Merienda

Estoy sola en casa, una de esas raras ocasiones donde todos se han ido menos yo. Me pongo a pensar y me acuerdo de las meriendas de mi abuela. Tuve la gran suerte de vivir con mis abuelos maternos. Mi abuela se encargaba de las labores del hogar porque mi madre trabajaba fuera. La tarea favorita de mi abuela era la cocina, había nacido con el don de la buena sazón y podía preparar un manjar con una cebolla y un par de huevos. En mi casa jamás entraron alimentos procesados industrialmente. Mi comida favorita, y la única que no compartíamos en familia era la merienda, mi abuela se encargaba de prepararla con el mismo esmero con el que hacía el almuerzo o la cena. Consistía de pan artesano con aceite de oliva, otras veces torrijas, otras flan… ese flan de 20 huevos que era más alto que ancho y que cuando lo preparaba toda la casa olía a caramelo. Algunas veces hacía panquecas, sí, las panquecas en mi casa se comían de merienda. Yo me sentaba en la mesa de la cocina mientras ella, después de servirme, se disponía a hacer la cena. Era un sin-parar de preparaciones culinarias. Recuerdo que la hora de la comida era sagrada y nunca se empezaba a comer hasta que no estuviéramos todos juntos sentados a la mesa. La comida era compartir, no sólo los alimentos sino también nuestras vivencias diarias, buenas y malas. Era una terapia de grupo sazonada por los riquísimos platos preparados por mi abuela.

Ocasiones Especiales

Mi madre en cambio sólo entraba en la cocina en ocasiones especiales, Navidad, Año Nuevo o la visita de amigos. Cuando yo ya era adolescente algunas veces me sorprendía con uno de sus sofisticados platos. Una de mis amigas, de esas que conservo desde la infancia, todavía recuerda una vez en que estábamos estudiando en grupo para un examen de matemática. Se nos había echado la noche encima y mi madre nos preparó calamares en su tinta para cenar. Después de eso mi casa se volvió la preferida a la hora de reunirnos a estudiar.

Otros Momentos en la Cocina

Siempre he tenido buena memoria para las comidas. Mi marido dice que es increíble cómo recuerdo los sabores de platos saboreados años atrás. Como la primera vez que probé una ensalada tibia de espinacas y pera cuando celebrábamos nuestro tercer aniversario, ya tenemos 19 años de casados. Mis hijas, ya todas adultas, siempre se burlan cariñosamente de mí cuando recuerdo cosas a partir de lo que comimos aquel día. Ahora ya soy abuela y los momentos más especiales con mis nietas los hemos compartido en la cocina. Cuando vienen a casa, hacemos postres, las pongo a desenvainar guisantes, a medir azúcar y hasta a cortar cebollas. Esto último no les gusta.

La Adaptación a los Sabores

Soy afortunada por tener facilidad de adaptación. Mi primer marido era italiano. Si te casas con un italiano mejor es que aprendas a cocinar pasta bien, o de lo contrario se irá todos los días a comer a casa de su madre. No me costó trabajo aprender a hacer la pasta fresca o envasar tomates de temporada para poder preparar la salsa durante todo el año. Aparte del gusto por la cocina italiana, mi marido al morir me dejó de herencia unos amigos que con el tiempo he adoptado como propios. Gilda y Fulvio, una mezcla de orígenes, mexicano e italiano, sazonados con sus continuos viajes y los años vividos en los Estados Unidos. En fin, una familia que a partir de entonces comenzó a formar parte de la mía. La primera vez que fui a su casa en Bethesda era Semana Santa, la cocina estaba llena de ingredientes para preparar, entre otras cosas, la famosa Pastiera Napolitana. Nunca olvidaré el sabor de aquel postre que llevaba no sólo ingredientes especialmente traídos de Italia sino muchísimas horas de trabajo. Así que mientras Fulvio nos llevaba a Washington a presenciar el maravilloso espectáculo de los Cherry Blossom, Gilda se quedó en casa preparando el banquete para el día siguiente. ¡Valió la pena! Aún conservo el aroma de la pastiera mezclada con el cordero asado, todos sentados alrededor de una larga mesa ovalada, bebiendo vino y conversando sin parar de los recuerdos de antaño y de los planes futuros. En ese momento no imaginé qué tan cercanos íbamos a ser y cuántos recuerdos tristes y alegres nos unirían. A la vida a veces le sucede como a los malos cocineros, se le pasa la mano con los condimentos, nada que una buena sopa no pueda aliviar.

Culinarian Expeditions

Ahora casi tres décadas han pasado desde aquella Semana Santa y nuevamente nos une el aroma de la comida. Fulvio y Gilda llevan en su haber muchas horas de vuelo y han decidido compartir sus experiencias de viaje y de cocina con otras personas. A través de Culinarian Expeditions diseñan tours donde los paisajes se unen a los sabores, a los aromas, a la música y donde chefs famosos abren las puertas de sus cocinas para enseñar parte de sus secretos. En fin, una experiencia para absorberla con todos los sentidos y que impregnará la memoria para siempre. Por si fuera poco lo que acabo de describir, ahora Gilda quiere ofrecer una visión más concreta, una visión fotográfica. Me siento feliz y honrada de que este año para el otoño haya sido invitada a poner mi granito de arena en el Tour de la Toscana. Donde los participantes podrán aprender a manejar sus cámaras para documentar sus experiencias de manera personal y profesional y encontrar su voz partiendo de la fotografía. Aquí es donde entró yo. Sí, estaré con ellos compartiendo nuevamente grandes mesas ovaladas, conversando, haciendo terapia de grupo frente a exquisitos platos y soberbias copas de vino y fotografiando. Para concluir, como me encanta brindar, hoy me toca ¡brindar por Gilda y Fulvio!

Historias, Mis Rutas

De Venezuela a Santander

septiembre 22, 2016
DAoiz y Velarde, rutafotografica, ©Maria De Las Casas

Algunas teorías dicen que escogemos a nuestros padres antes de nacer. Si nos guiamos por esto, podríamos decir que también escogemos el país en el que queremos nacer. Pues yo escogí Venezuela. Allí nací hace 50 años; allí me desarrollé como persona, me casé y tuve a mis hijas. La verdad es que tuve buen gusto pues Venezuela es un país muy bonito; fue colmado de riquezas: petróleo, oro, plata, piedras preciosas, aluminio, hierro, agua a borbotones, mares que proveen de pescado fresco, y tierras que dan frutos durante todo el año sin mucho afán —sólo con tirar las semillas. La fauna y la flora son espectaculares tanto por su variedad como por su colorido. Hay montañas de nieves perennes y médanos de arenas cambiantes, playas llenas de cocoteros, cascadas exuberantes, selvas… En fin, es un lugar que cuando empiezo a describirlo me parece salido de un sueño de fantasía del cual no quisiera despertar. Pero lo cierto es que todas esas bellezas naturales y recursos han sido saqueados y el sueño se fue poco a poco convirtiendo en pesadilla.

Es importante recalcar que esa transformación horrenda que ha sufrido Venezuela no ocurrió de la noche a la mañana; fue un proceso lento. Erróneamente muchos pensaron que eran cosas pasajeras, que los recursos no se acabarían, que “alguien” vendría a solucionar los problemas porque “así tiene que ser”. Y siguieron viviendo felices. El país que alguna vez se hizo llamar el más feliz del mundo. Los venezolanos hacían un “bonche” y un chiste de cualquier desgracia, se reían de ellos mismos y seguía la fiesta. Ya es demasiado tarde, la fiesta se acabó, se fue acabando poco a poco, de manera gradual como cuando empiezas a caer en el sopor de una anestesia de la cual algunos no despiertan.

No todos nos dejamos anestesiar. Algunos salimos antes y otros después y otros decidieron quedarse. Nuevamente me tocó escoger el país donde vivir. He tenido esa suerte de poder escoger; no todos la tienen, yo sí y lo agradezco todos los días a Dios, al creador o a la energía vital que me permitió, antes de nacer, escoger a mis padres. Así es como he tenido la oportunidad de vivir en varios sitios. Hace dos años escogí vivir en España, en Santander.

daoiz y velarde, rutafotografica, ©Maria De Las Casas

Cuando mis amigos me preguntan, ¿por qué Santander? no sé qué contestar porque no hay una razón de peso. No puedo decir que es donde nacieron mis padres, porque son de Madrid. No puedo decir que tengo familia aquí, porque no conocía a nadie cuando llegué. Me gustó, había visitado la ciudad varias veces cuando años atrás viví en Selaya, un pueblo cántabro de montaña del cual tengo muy buenos recuerdos. Santander me pareció de buen tamaño: no muy grande, no muy pequeña. El clima no es extremo como otros sitios de España; es verdad que llueve mucho pero eso me gusta porque el agua es necesaria y ya empieza a escasear, además, es la razón por la que esta zona tiene tantos prados y tanto verdor.

Daoiz y velarde_2

Una vez en Santander, decidí, junto a mi esposo, vivir en el centro. Como toda ciudad española, a pesar de haber sufrido dos horribles incendios, el centro de Santander consta de edificios viejos con mucho carácter; calles estrechas casi peatonales; bares y cafeterías pintorescos, plazas, y, en el caso de Santander, el Paseo de Pereda a lo largo de la maravillosa bahía. Nos decidimos por un viejo piso en Daoiz y Velarde que disfrutamos restaurándolo a nuestro gusto. Tenemos todo a mano: el pequeño mercado con su carnicería, frutería, pescadería… Bancos, oficinas del gobierno y a media calle la estación de policía. Todo esto en un ambiente que nos hacía sentir seguros, especialmente después de haber vivido el derrumbe social en nuestro país. Lamentablemente a las dos semanas de mudados, nos robaron nuestras bicis. Nos dimos golpes de pecho por lo “inconscientes” que fuimos al haberlas dejado atadas por una noche a escasos metros de nuestro portal, en un sitio especial para estacionar bicicletas. Al día siguiente vimos con tristeza cómo habían cortado las cadenas y se las habían llevado. ¡Que ironía! No nos robaron en Venezuela y nos vienen a robar en Santander. Ese fue el primer aviso de que algo no andaba bien pero como dije antes, nos echamos la culpa a nosotros mismos; pasamos la página y seguimos tan contentos. Aquí debo hacer un paréntesis: unos meses después de este incidente, por casualidad, paré por unas horas en Amsterdam y constaté que sí es posible, en algunos sitios, atar las bicicletas en la calle y estar seguro de que nadie te las va a robar. ¡Como debe ser!

Pasaron las semanas, los meses y llegó el verano. La gente en la calle me recordaba la llegada del buen tiempo, las excursiones a la playa, las fiestas y, ¡ay!!!, el botellón. Al principio te asombras del espíritu fiestero de los españoles y hasta lo admiras. “Qué alegría, qué bueno que la gente salga a la calle, animada, a divertirse sin peligro”. “Aquí se puede beber en la calle, hay libertad y nadie se mete con nadie”. Estas eran las frases que nos decíamos a nosotros mismos para aceptar lo que en realidad nos parecían bacanales, irrespeto, decadencia y pérdida de tiempo. Pasamos muchas noches en vela por el escándalo pero por mucho tiempo nos decíamos una y otra vez que todo era debido a la alegría de los españoles, y tratábamos de tapar el sol con un dedo hasta que la situación se ha vuelto insostenible porque no podemos dormir. La fiesta continúa toda la noche hasta el amanecer; rompen botellas, vasos, y tiran todo tipo de desperdicios al suelo. Por los rincones y los portales se medio esconden los jóvenes amantes sin pudor alguno.

Daoiz y velarde_1

Nos levantamos por la mañana más cansados de lo que nos hemos acostado. Pasamos noches de calor porque debemos cerrar las ventanas para apaciguar un poco el ruido que aún así nos mantiene desvelados la mayor parte de la noche. A las 6 de la mañana, o antes, llega la cuadrilla de limpiadores que vienen a recoger la porquería que dejan los borrachos de la noche anterior. Pero todo hay que decirlo, y la verdad es que antes de las 9 de la mañana la ciudad está impecable; de eso se encarga el ayuntamiento con el dinero de los contribuyentes, de los que beben y de los que no bebemos. Habría que ver si es justo que yo pague por la limpieza de la suciedad que van dejando estos individuos.

Ahora, poniendo las cosas en perspectiva, el problema no es que no nos dejen dormir, ni siquiera que ensucien sin escrúpulos. Al final son puestos de trabajo para los limpiadores. El gran problema no es tan obvio. El gran problema es que nos estamos enfrentando a una sociedad cada día más cínica, sin principios éticos, donde no se respeta a los vecinos porque no se respeta el individuo mismo. Y eso, señores, eso trae consecuencias muy graves. Esas primeras muestras de vandalismo —porque SÍ, es vandalismo— se puede ir convirtiendo en pequeños actos delictivos, crímenes y violencia. Y si no se toman medidas puede convertirse en un gran problema social y político.

Yo no quiero vivir en un sitio donde tenga que salir a la calle mirando a los lados, sosteniendo el bolso con ambas manos, cerrando la puerta de mi casa con doble llave, poniendo barras de hierro en mis ventanas… ¡No!!! Eso ya lo viví y créanme, no fue agradable.

Hay que empezar a exigir que se cumplan las leyes porque lo irónico es que las leyes existen. Está prohibido tirar basura en las calles, pero se tira. Está prohibido vender alcohol y tabaco a menores de edad, pero se vende. Vamos a comenzar por ordenar las cosas pequeñas, predicar con el ejemplo, que los policías salgan a la calle, que haya presencia y corrección. Tratemos de resolver las cosas antes de que sea demasiado tarde porque como dije al principio, las transformaciones suceden poco a poco —por eso se llaman transformaciones— pues si no estamos atentos no nos damos cuenta y puede que cuando lo hagamos sea demasiado tarde. Luchemos para que no se convierta el sueño en pesadilla.

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Mis Rutas, Sobre Fotografía

Dos Exposiciones: Maier y Sugimoto

agosto 20, 2016
Selfie, © 2016 Maria De Las Casas

© 2016 Maria De Las Casas

Para mí, los viajes en tren siempre están acompañados de un cierto aire de romanticismo y nostalgia. Hace un mes, aproximadamente, decidí hacerme un regalo y tomarme un día para visitar dos exposiciones de fotografía. Me fui a la estación, compré el pasaje de tren y al día siguiente, muy temprano, me fui rumbo a Madrid. Una de las cosas que me gusta de viajar en tren es que es más cómodo que el avión, puedes disfrutar del paisaje y otorga suficiente tiempo para leer, escribir, pensar o hacer nada. Una excelente preparación para el día que me esperaba.

Vivien Maier

© 2016 María De Las CasasLa estación de llegada quedaba muy cerca de la primera exposición que llevaba en mi itinerario: Vivien Maier. Desde que se hizo noticia el descubrimiento del extenso material fotográfico dejado por Vivien Meier, había tenido el deseo de ver una exposición de su obra. También debo decir que tengo sentimientos encontrados en relación a la controversia causada por la manera en se manejó ese patrimonio. Por lo que se sabe de ella, era una mujer muy reservada, sobre todo con su trabajo fotográfico; el cual,  en una gran proporción, proviene de carretes sin revelar. Por ende, ni siquiera ella conocía estas imágenes.

Esto último también demuestra que para Maier lo importante era el proceso de fotografiar, más que el resultado final. ¿Cuál habría sido su reacción al contemplar la exposición de esas fotografías suyas que ni ella había visto? También sabemos, por documentación encontrada entre sus cosas, que era muy detallista en cómo quería el procesado de sus imágenes. En notas de su puño y letra, enviadas a laboratorios de procesado fotográfico, constan las instrucciones detalladas de cómo ella prefería sus fotografías.

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En todo caso, es indudable su ojo fotográfico y su sensibilidad para retratar a extraños. Su trabajo, con más de 120.000 negativos, confirma que la práctica lleva a la excelencia.

Hiroshi Sugimoto

© 2016 Maria De Las CasasLa segunda exposición a la que fui ese día es la de Hiroshi Sugimoto. Este es otro fotógrafo del cual nunca había visto fotografías impresas. Sugimoto, muy diferente a Maier, nos muestra unas imágenes impecables tanto en contenido como técnica. Los negativos de gran formato permiten obtener una impresión rica en detalles, con un gran rango de grises, evidenciando el contacto de Ansel Adams con Sugimoto.

Otra característica de la obra de Sugimoto es que está cargada de un gran contenido conceptual. Sugimoto, a través de sus fotografías, invita a reflexionar sobre la vida y la muerte, la realidad y la ilusión…

La excelente calidad y coherencia en su trabajo se observa entodas sus series. En esta exposición muestra Seascapes, Portraits, Theaters, Lightning Fields y Dioramas.

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«No importa cuán falso sea un tema; una vez fotografiado es como si fuera real».
Hiroshi Sugimoto

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«Una diferencia entre la cámara y el ojo humano es que el ojo no tiene obturador. De modo que es como si hubiera una exposición continua. Cuando uno nace empieza la exposición. Cuando uno muere se cierra. Es la única exposición. La vida es una larga exposición».
Hiroshi Sugimoto

Sugimoto Dioramas

Sugimoto - Lightning Fields

A rasgos generales podría describir la obra de Sugimoto como una experiencia exquisita.

Ya por la tarde estaba lista para tomar nuevamente el tren a Santander y en el camino disfrutar del sabor reciente de las dos exposiciones que acababa de visitar para luego empezar a escribir estas líneas que ahora comparto.

Mis Rutas

Salamanca, Tierra de Saberes.

marzo 28, 2016
Salamanca Tierra de Saberes, rutafotografica, Ruta Fotográfica

Siempre quise conocer Salamanca. Allí fue donde estudió mi padre, teniendo el privilegio como dicen que decía de haber sido alumno de Miguel de Unamuno. Hace un par de meses fuimos a Salamanca como muchas otras cosas en mi vida, por casualidad. Miguel, mi esposo, tenía que presentar un examen para la obtención de la nacionalidad española y le tocó hacerlo en allí, así que aprovechamos para tomarnos unas mini-vacaciones.

Salimos muy temprano de casa y llegamos a eso de las 11 de la mañana, llovió todo el día pero la lluvia no nos impidió salir a caminar y conocer el casco antiguo de la ciudad. Sus calles están siempre llenas de gente, dicen que en cualquier época del año. No somos de los que recorren sitios de interés turístico cuando viajamos, pero en este caso habían lugares que eran obligatorios y como teníamos poco tiempo nos dedicamos al recorrido típico. Plaza Mayor, Universidad de Salamanca (la más antigua de España en actividad), Universidad Pontificia, Casa de las Conchas…

El casco antiguo está lleno de tiendas y locales que sorprenden. Hay muchas pequeñas librerías de libros antiguos.

Salamanca Tierra de Saberes, rutafotografica, Ruta FotográficaTambién descubrimos La Malhablada, un lugar donde presentan micro teatro. Es un local pequeño en vertical, tiene 3 plantas que incluyen la azotea donde está la cafetería y se puede salir a disfrutar de las vistas de la Universidad Pontificia. En la cafetería esperas a que te llamen para entrar a la obra que has escogido y que tendrá lugar en una de las habitaciones de las plantas de abajo. Hay varias obras que se presentan a la vez en diferentes horarios y puedes ver una o cuantas quieras. Nosotros nos decidimos por “Los Sótanos del Hospital General” y nos encantó.

Salamanca Tierra de Saberes, rutafotografica, Ruta FotográficaY por supuesto el Café Novelty, fundado en 1905 es el más antiguo de la ciudad. Este se convirtió en el punto de encuentro de escritores, artistas y políticos, estoy segura que mi padre iría allí a menudo en sus tiempos de estudiante.

Quedé encantada con el detalle de la entrada al Café. Con ganas de volver pronto con más tiempo para disfrutar de está encantadora ciudad.

¡Hasta pronto Salamanca!

Historias, Mis Rutas

Mi Ruta por Galicia

marzo 8, 2016
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Cambios repentinos

Este grupo de fotografías ha llegado a través de cambios repentinos e inesperados – accidentes de la vida. Mi salida de Santa Fe fue inesperada; mi traslado a España fue inesperado, mi ruta por Galicia fue una sorpresa total. La vida surge en olas aleatorias en medio de la cual anhelo un poco de orden, sentido histórico, secuencia y, por tanto, lógica.

Llegamos a Valencia, pero traía una sensación de desgarre que no me permitía estar bien en ningún sitio. Un día por la mañana recién levantados, yo seguía con mi actitud de desdicha y Miguel, mi marido, tomó la determinación de ir a otro lugar, sin recordar que el equipaje lo llevamos a cuestas donde quiera que vayamos. Pero en fin… buscando oportunidades, alivio a mi tristeza y agua para sus siembras organizamos expedición a Galicia.

¿Abandono?

A primera vista Galicia era la tierra de oportunidades que buscábamos. Muchas fincas, agua que brotaba de la tierra en infinitos manantiales, casas de piedra esperando que alguien llegara a restaurarlas para darles nueva vida. Sin embargo no sentí bienestar en esas tierras, un halo de tristeza envolvía cada piedra, cada cabaña que fimos a ver, el aire, un vacío. Probablemente yo veía lo mismo que moraba dentro de mi.

Los hombres y las mujeres de Galicia abandonaron sus casas de piedra en busca de prosperidad, en la tierra o en el cielo. Parece que las dejaron de repente, por un accidente o un imprevisible cambio de acontecimientos. Pero dejaron su ánima en sillas, utensilios y ropa, sólo celebrada por el polvo y las telarañas. El residuo de su fuerza de vida me tranquiliza, es como una manifestación de sentido, de historia.

Ahora estás aquí y mañana no sabes dónde estarás. La vida es hoy, no hay ataduras, nada es permanente.

Mi ruta por Galicia me dejó la certeza de volver, caminando por el Camino de Santiago, y un grupo de imágenes que ahora comparto con todos mis lectores.

Mis Rutas

Bosque del Apache

marzo 2, 2016
bosque del apache, rutafotografica, Ruta Fotográfica

El Bosque del Apache se encuentra a lo largo del Río Grande, cerca de Socorro, Nuevo México en los Estados Unidos. Es un refugio de vida silvestre donde miles de pájaros se reúnen en el otoño para pasar el invierno. En diciembre del 2009 fui con mi amiga Christy Hengst para fotografiar sus pájaros de porcelana teniendo como escenario este maravilloso lugar. Nos levantábamos a las 4:00 de la mañana para alcanzar a llegar al parque antes del amanecer cuando miles de pájaros al despertar del sol levantan vuelo. El frío vestía con escarcha las cámaras y trípodes. La espera, después de colocar los equipos, se hacía bastante larga pero valía la pena. Cuando comenzaban a salir los primeros rayos de sol ya se oía el aleteo de algunos pájaros posados en la laguna, luego se podía ver el movimiento, más y más hasta que de repente comenzaban a volar en grandes grupos. Esto sucedía rápido, duraba pocos minutos. Luego volvíamos por la tarde a la caída del sol para verlos regresar a las lagunas a pasar la noche.