Historias, Mis Rutas

Recuerdos de Cocina

marzo 4, 2017
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La Merienda

Estoy sola en casa, una de esas raras ocasiones donde todos se han ido menos yo. Me pongo a pensar y me acuerdo de las meriendas de mi abuela. Tuve la gran suerte de vivir con mis abuelos maternos. Mi abuela se encargaba de las labores del hogar porque mi madre trabajaba fuera. La tarea favorita de mi abuela era la cocina, había nacido con el don de la buena sazón y podía preparar un manjar con una cebolla y un par de huevos. En mi casa jamás entraron alimentos procesados industrialmente. Mi comida favorita, y la única que no compartíamos en familia era la merienda, mi abuela se encargaba de prepararla con el mismo esmero con el que hacía el almuerzo o la cena. Consistía de pan artesano con aceite de oliva, otras veces torrijas, otras flan… ese flan de 20 huevos que era más alto que ancho y que cuando lo preparaba toda la casa olía a caramelo. Algunas veces hacía panquecas, sí, las panquecas en mi casa se comían de merienda. Yo me sentaba en la mesa de la cocina mientras ella, después de servirme, se disponía a hacer la cena. Era un sin-parar de preparaciones culinarias. Recuerdo que la hora de la comida era sagrada y nunca se empezaba a comer hasta que no estuviéramos todos juntos sentados a la mesa. La comida era compartir, no sólo los alimentos sino también nuestras vivencias diarias, buenas y malas. Era una terapia de grupo sazonada por los riquísimos platos preparados por mi abuela.

Ocasiones Especiales

Mi madre en cambio sólo entraba en la cocina en ocasiones especiales, Navidad, Año Nuevo o la visita de amigos. Cuando yo ya era adolescente algunas veces me sorprendía con uno de sus sofisticados platos. Una de mis amigas, de esas que conservo desde la infancia, todavía recuerda una vez en que estábamos estudiando en grupo para un examen de matemática. Se nos había echado la noche encima y mi madre nos preparó calamares en su tinta para cenar. Después de eso mi casa se volvió la preferida a la hora de reunirnos a estudiar.

Otros Momentos en la Cocina

Siempre he tenido buena memoria para las comidas. Mi marido dice que es increíble cómo recuerdo los sabores de platos saboreados años atrás. Como la primera vez que probé una ensalada tibia de espinacas y pera cuando celebrábamos nuestro tercer aniversario, ya tenemos 19 años de casados. Mis hijas, ya todas adultas, siempre se burlan cariñosamente de mí cuando recuerdo cosas a partir de lo que comimos aquel día. Ahora ya soy abuela y los momentos más especiales con mis nietas los hemos compartido en la cocina. Cuando vienen a casa, hacemos postres, las pongo a desenvainar guisantes, a medir azúcar y hasta a cortar cebollas. Esto último no les gusta.

La Adaptación a los Sabores

Soy afortunada por tener facilidad de adaptación. Mi primer marido era italiano. Si te casas con un italiano mejor es que aprendas a cocinar pasta bien, o de lo contrario se irá todos los días a comer a casa de su madre. No me costó trabajo aprender a hacer la pasta fresca o envasar tomates de temporada para poder preparar la salsa durante todo el año. Aparte del gusto por la cocina italiana, mi marido al morir me dejó de herencia unos amigos que con el tiempo he adoptado como propios. Gilda y Fulvio, una mezcla de orígenes, mexicano e italiano, sazonados con sus continuos viajes y los años vividos en los Estados Unidos. En fin, una familia que a partir de entonces comenzó a formar parte de la mía. La primera vez que fui a su casa en Bethesda era Semana Santa, la cocina estaba llena de ingredientes para preparar, entre otras cosas, la famosa Pastiera Napolitana. Nunca olvidaré el sabor de aquel postre que llevaba no sólo ingredientes especialmente traídos de Italia sino muchísimas horas de trabajo. Así que mientras Fulvio nos llevaba a Washington a presenciar el maravilloso espectáculo de los Cherry Blossom, Gilda se quedó en casa preparando el banquete para el día siguiente. ¡Valió la pena! Aún conservo el aroma de la pastiera mezclada con el cordero asado, todos sentados alrededor de una larga mesa ovalada, bebiendo vino y conversando sin parar de los recuerdos de antaño y de los planes futuros. En ese momento no imaginé qué tan cercanos íbamos a ser y cuántos recuerdos tristes y alegres nos unirían. A la vida a veces le sucede como a los malos cocineros, se le pasa la mano con los condimentos, nada que una buena sopa no pueda aliviar.

Culinarian Expeditions

Ahora casi tres décadas han pasado desde aquella Semana Santa y nuevamente nos une el aroma de la comida. Fulvio y Gilda llevan en su haber muchas horas de vuelo y han decidido compartir sus experiencias de viaje y de cocina con otras personas. A través de Culinarian Expeditions diseñan tours donde los paisajes se unen a los sabores, a los aromas, a la música y donde chefs famosos abren las puertas de sus cocinas para enseñar parte de sus secretos. En fin, una experiencia para absorberla con todos los sentidos y que impregnará la memoria para siempre. Por si fuera poco lo que acabo de describir, ahora Gilda quiere ofrecer una visión más concreta, una visión fotográfica. Me siento feliz y honrada de que este año para el otoño haya sido invitada a poner mi granito de arena en el Tour de la Toscana. Donde los participantes podrán aprender a manejar sus cámaras para documentar sus experiencias de manera personal y profesional y encontrar su voz partiendo de la fotografía. Aquí es donde entró yo. Sí, estaré con ellos compartiendo nuevamente grandes mesas ovaladas, conversando, haciendo terapia de grupo frente a exquisitos platos y soberbias copas de vino y fotografiando. Para concluir, como me encanta brindar, hoy me toca ¡brindar por Gilda y Fulvio!

Historias

Despedida

enero 17, 2017
Nacimiento de Mamá, Despedida

Esta fotografía fue tomada hace más de 87 años. En ella se ven a una bella mujer sosteniendo a una niña de pocas horas de edad, mi madre. Sí, mi madre nació en una caravana en Guillena, Sevilla. Por muchos años ella pensó que era de Madrid, pues siempre había vivido allí. Pero la vida es caprichosa y mi abuelo trabajaba en los montes, en el Ministerio de Obras Públicas, abriendo caminos. En uno de esos viajes de trabajo se llevó a su familia, y como eran otros tiempos, no se sabía a ciencia cierta cuándo iba a nacer un bebé hasta que nacía. Así nació mi madre; y mi abuela ahí de pie, recién parida, hermosa para la foto. De una mano su hijo mayor, en su otro brazo Carmen de pocas horas de edad, y mi abuelo, orgulloso padre de la primera y única niña que tendría. Esta imagen ha estado conmigo desde que tengo recuerdos.

Las fotos de los nacimientos son siempre bonitas, la celebración de la vida. Nos han enseñado que los nacimientos son alegrías y las muertes son tristezas. En estos últimos meses, he aprendido que la muerte a veces trae alegrías también: la alegría de la fe, de la reconciliación, la alegría del perdón, la alegría de las visitas y llamadas de familiares y amigos que habían estado apartados por años, la alegría de una mirada o una sonrisa en el momento justo… Con el apoyo de los seres queridos no sólo se disminuye la tristeza sino que se transforma en alegría. Mi madre aceptó su enfermedad y su muerte con gallardía, con la elegancia que siempre la caracterizó y, sobre todo, con agradecimiento. Las últimas semanas estuvimos celebrando. Ella con su copa de cava y su salmón ahumado; nosotros simplemente a su lado viéndola disfrutar.

Hace unos meses, antes de saber que mi madre estaba enferma, tuve un sueño. En el sueño ella estaba sentada en su butaca, tranquila pero muriendo. Yo estaba a su lado, emocionada por ella, por el viaje que iba a emprender. Sabía que algún día yo también emprendería ese viaje, que a todos nos toca, y que sería una gran aventura. Me desperté contenta, con la ilusión que dejan los sueños bonitos. Esa sensación aún la conservo. Mi madre ya emprendió ese viaje, y sé que algo bueno le espera. Es el momento de brindar y yo brindo por ella.

Historias, Mis Rutas

De Venezuela a Santander

septiembre 22, 2016
DAoiz y Velarde, rutafotografica, ©Maria De Las Casas

Algunas teorías dicen que escogemos a nuestros padres antes de nacer. Si nos guiamos por esto, podríamos decir que también escogemos el país en el que queremos nacer. Pues yo escogí Venezuela. Allí nací hace 50 años; allí me desarrollé como persona, me casé y tuve a mis hijas. La verdad es que tuve buen gusto pues Venezuela es un país muy bonito; fue colmado de riquezas: petróleo, oro, plata, piedras preciosas, aluminio, hierro, agua a borbotones, mares que proveen de pescado fresco, y tierras que dan frutos durante todo el año sin mucho afán —sólo con tirar las semillas. La fauna y la flora son espectaculares tanto por su variedad como por su colorido. Hay montañas de nieves perennes y médanos de arenas cambiantes, playas llenas de cocoteros, cascadas exuberantes, selvas… En fin, es un lugar que cuando empiezo a describirlo me parece salido de un sueño de fantasía del cual no quisiera despertar. Pero lo cierto es que todas esas bellezas naturales y recursos han sido saqueados y el sueño se fue poco a poco convirtiendo en pesadilla.

Es importante recalcar que esa transformación horrenda que ha sufrido Venezuela no ocurrió de la noche a la mañana; fue un proceso lento. Erróneamente muchos pensaron que eran cosas pasajeras, que los recursos no se acabarían, que “alguien” vendría a solucionar los problemas porque “así tiene que ser”. Y siguieron viviendo felices. El país que alguna vez se hizo llamar el más feliz del mundo. Los venezolanos hacían un “bonche” y un chiste de cualquier desgracia, se reían de ellos mismos y seguía la fiesta. Ya es demasiado tarde, la fiesta se acabó, se fue acabando poco a poco, de manera gradual como cuando empiezas a caer en el sopor de una anestesia de la cual algunos no despiertan.

No todos nos dejamos anestesiar. Algunos salimos antes y otros después y otros decidieron quedarse. Nuevamente me tocó escoger el país donde vivir. He tenido esa suerte de poder escoger; no todos la tienen, yo sí y lo agradezco todos los días a Dios, al creador o a la energía vital que me permitió, antes de nacer, escoger a mis padres. Así es como he tenido la oportunidad de vivir en varios sitios. Hace dos años escogí vivir en España, en Santander.

daoiz y velarde, rutafotografica, ©Maria De Las Casas

Cuando mis amigos me preguntan, ¿por qué Santander? no sé qué contestar porque no hay una razón de peso. No puedo decir que es donde nacieron mis padres, porque son de Madrid. No puedo decir que tengo familia aquí, porque no conocía a nadie cuando llegué. Me gustó, había visitado la ciudad varias veces cuando años atrás viví en Selaya, un pueblo cántabro de montaña del cual tengo muy buenos recuerdos. Santander me pareció de buen tamaño: no muy grande, no muy pequeña. El clima no es extremo como otros sitios de España; es verdad que llueve mucho pero eso me gusta porque el agua es necesaria y ya empieza a escasear, además, es la razón por la que esta zona tiene tantos prados y tanto verdor.

Daoiz y velarde_2

Una vez en Santander, decidí, junto a mi esposo, vivir en el centro. Como toda ciudad española, a pesar de haber sufrido dos horribles incendios, el centro de Santander consta de edificios viejos con mucho carácter; calles estrechas casi peatonales; bares y cafeterías pintorescos, plazas, y, en el caso de Santander, el Paseo de Pereda a lo largo de la maravillosa bahía. Nos decidimos por un viejo piso en Daoiz y Velarde que disfrutamos restaurándolo a nuestro gusto. Tenemos todo a mano: el pequeño mercado con su carnicería, frutería, pescadería… Bancos, oficinas del gobierno y a media calle la estación de policía. Todo esto en un ambiente que nos hacía sentir seguros, especialmente después de haber vivido el derrumbe social en nuestro país. Lamentablemente a las dos semanas de mudados, nos robaron nuestras bicis. Nos dimos golpes de pecho por lo “inconscientes” que fuimos al haberlas dejado atadas por una noche a escasos metros de nuestro portal, en un sitio especial para estacionar bicicletas. Al día siguiente vimos con tristeza cómo habían cortado las cadenas y se las habían llevado. ¡Que ironía! No nos robaron en Venezuela y nos vienen a robar en Santander. Ese fue el primer aviso de que algo no andaba bien pero como dije antes, nos echamos la culpa a nosotros mismos; pasamos la página y seguimos tan contentos. Aquí debo hacer un paréntesis: unos meses después de este incidente, por casualidad, paré por unas horas en Amsterdam y constaté que sí es posible, en algunos sitios, atar las bicicletas en la calle y estar seguro de que nadie te las va a robar. ¡Como debe ser!

Pasaron las semanas, los meses y llegó el verano. La gente en la calle me recordaba la llegada del buen tiempo, las excursiones a la playa, las fiestas y, ¡ay!!!, el botellón. Al principio te asombras del espíritu fiestero de los españoles y hasta lo admiras. “Qué alegría, qué bueno que la gente salga a la calle, animada, a divertirse sin peligro”. “Aquí se puede beber en la calle, hay libertad y nadie se mete con nadie”. Estas eran las frases que nos decíamos a nosotros mismos para aceptar lo que en realidad nos parecían bacanales, irrespeto, decadencia y pérdida de tiempo. Pasamos muchas noches en vela por el escándalo pero por mucho tiempo nos decíamos una y otra vez que todo era debido a la alegría de los españoles, y tratábamos de tapar el sol con un dedo hasta que la situación se ha vuelto insostenible porque no podemos dormir. La fiesta continúa toda la noche hasta el amanecer; rompen botellas, vasos, y tiran todo tipo de desperdicios al suelo. Por los rincones y los portales se medio esconden los jóvenes amantes sin pudor alguno.

Daoiz y velarde_1

Nos levantamos por la mañana más cansados de lo que nos hemos acostado. Pasamos noches de calor porque debemos cerrar las ventanas para apaciguar un poco el ruido que aún así nos mantiene desvelados la mayor parte de la noche. A las 6 de la mañana, o antes, llega la cuadrilla de limpiadores que vienen a recoger la porquería que dejan los borrachos de la noche anterior. Pero todo hay que decirlo, y la verdad es que antes de las 9 de la mañana la ciudad está impecable; de eso se encarga el ayuntamiento con el dinero de los contribuyentes, de los que beben y de los que no bebemos. Habría que ver si es justo que yo pague por la limpieza de la suciedad que van dejando estos individuos.

Ahora, poniendo las cosas en perspectiva, el problema no es que no nos dejen dormir, ni siquiera que ensucien sin escrúpulos. Al final son puestos de trabajo para los limpiadores. El gran problema no es tan obvio. El gran problema es que nos estamos enfrentando a una sociedad cada día más cínica, sin principios éticos, donde no se respeta a los vecinos porque no se respeta el individuo mismo. Y eso, señores, eso trae consecuencias muy graves. Esas primeras muestras de vandalismo —porque SÍ, es vandalismo— se puede ir convirtiendo en pequeños actos delictivos, crímenes y violencia. Y si no se toman medidas puede convertirse en un gran problema social y político.

Yo no quiero vivir en un sitio donde tenga que salir a la calle mirando a los lados, sosteniendo el bolso con ambas manos, cerrando la puerta de mi casa con doble llave, poniendo barras de hierro en mis ventanas… ¡No!!! Eso ya lo viví y créanme, no fue agradable.

Hay que empezar a exigir que se cumplan las leyes porque lo irónico es que las leyes existen. Está prohibido tirar basura en las calles, pero se tira. Está prohibido vender alcohol y tabaco a menores de edad, pero se vende. Vamos a comenzar por ordenar las cosas pequeñas, predicar con el ejemplo, que los policías salgan a la calle, que haya presencia y corrección. Tratemos de resolver las cosas antes de que sea demasiado tarde porque como dije al principio, las transformaciones suceden poco a poco —por eso se llaman transformaciones— pues si no estamos atentos no nos damos cuenta y puede que cuando lo hagamos sea demasiado tarde. Luchemos para que no se convierta el sueño en pesadilla.

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Historias

“Lo que el mar nos trae”

agosto 29, 2016
© 2016 Maria De Las Casas, lo que el mar nos trae

Una maleta, una fotografía, el mar, personas tiradas, desparramadas… ¿Muertas? ¿Vivas? Quien deja su país lo hace por necesidad, no por gusto. Nos enfrentamos a un grave problema que muchos se empeñan en ignorar pensando que no es “nuestro problema”. Al final del día sí que lo es.

Los que paseaban por la playa del Sardinero, un domingo cualquiera, se encontraron con una escena que no a pocos dejó impresionados: el performance de “lo que el mar nos trae” organizado por Pasaje seguro y Cantabria con las personas refugiadas. Un grupo de personas aparecen tiradas en la arena a la orilla del mar, junto a sus pertenencias, algunos pueden estar muertos, otros exhaustos por la reciente experiencia de pérdida y de anticipación a lo desconocido. Una escena para que abramos los ojos a lo que, queramos o no, nos afecta a todos. Hoy más que nunca el mundo es un pañuelo, la globalización es real para lo bueno y para lo malo. No seamos ciegos y sordos a lo que ocurre a nuestro alrededor. Estamos acostumbrados a leer en los periódicos sobre las guerras, la hambruna, los robos, las violaciones, los refugiados y muchas otras calamidades. Estamos acostumbrados a que esas cosas suceden lejos de nosotros. Creemos que nunca nos alcanzará la desgracia. ¿Qué pasaría si, de verdad, un domingo cualquiera mientras caminamos por la playa nos encontramos cuerpos flotando? Esperanzas ahogadas en el agua salada de un viaje sin destino. ¿Lo sentiríamos como un problema nuestro o seguiríamos pensando que eso no nos afecta a nosotros?

© 2016 Maria De Las Casas, lo que el mar nos trae

Las cosas pasan, suceden cuando menos lo esperamos, otras veces van pasando poco a poco y nos acostumbramos. Es triste ver como nos vamos anestesiando cada vez más. No te acostumbres a lo malo. ¡Despierta! ¡Hagamos algo!

¡Un hurra a las personas que ponen su granito de arena en tratar de abrir los ojos al resto!

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Mis Rutas, Sobre Fotografía

Dos Exposiciones: Maier y Sugimoto

agosto 20, 2016
Selfie, © 2016 Maria De Las Casas

© 2016 Maria De Las Casas

Para mí, los viajes en tren siempre están acompañados de un cierto aire de romanticismo y nostalgia. Hace un mes, aproximadamente, decidí hacerme un regalo y tomarme un día para visitar dos exposiciones de fotografía. Me fui a la estación, compré el pasaje de tren y al día siguiente, muy temprano, me fui rumbo a Madrid. Una de las cosas que me gusta de viajar en tren es que es más cómodo que el avión, puedes disfrutar del paisaje y otorga suficiente tiempo para leer, escribir, pensar o hacer nada. Una excelente preparación para el día que me esperaba.

Vivien Maier

© 2016 María De Las CasasLa estación de llegada quedaba muy cerca de la primera exposición que llevaba en mi itinerario: Vivien Maier. Desde que se hizo noticia el descubrimiento del extenso material fotográfico dejado por Vivien Meier, había tenido el deseo de ver una exposición de su obra. También debo decir que tengo sentimientos encontrados en relación a la controversia causada por la manera en se manejó ese patrimonio. Por lo que se sabe de ella, era una mujer muy reservada, sobre todo con su trabajo fotográfico; el cual,  en una gran proporción, proviene de carretes sin revelar. Por ende, ni siquiera ella conocía estas imágenes.

Esto último también demuestra que para Maier lo importante era el proceso de fotografiar, más que el resultado final. ¿Cuál habría sido su reacción al contemplar la exposición de esas fotografías suyas que ni ella había visto? También sabemos, por documentación encontrada entre sus cosas, que era muy detallista en cómo quería el procesado de sus imágenes. En notas de su puño y letra, enviadas a laboratorios de procesado fotográfico, constan las instrucciones detalladas de cómo ella prefería sus fotografías.

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En todo caso, es indudable su ojo fotográfico y su sensibilidad para retratar a extraños. Su trabajo, con más de 120.000 negativos, confirma que la práctica lleva a la excelencia.

Hiroshi Sugimoto

© 2016 Maria De Las CasasLa segunda exposición a la que fui ese día es la de Hiroshi Sugimoto. Este es otro fotógrafo del cual nunca había visto fotografías impresas. Sugimoto, muy diferente a Maier, nos muestra unas imágenes impecables tanto en contenido como técnica. Los negativos de gran formato permiten obtener una impresión rica en detalles, con un gran rango de grises, evidenciando el contacto de Ansel Adams con Sugimoto.

Otra característica de la obra de Sugimoto es que está cargada de un gran contenido conceptual. Sugimoto, a través de sus fotografías, invita a reflexionar sobre la vida y la muerte, la realidad y la ilusión…

La excelente calidad y coherencia en su trabajo se observa entodas sus series. En esta exposición muestra Seascapes, Portraits, Theaters, Lightning Fields y Dioramas.

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«No importa cuán falso sea un tema; una vez fotografiado es como si fuera real».
Hiroshi Sugimoto

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«Una diferencia entre la cámara y el ojo humano es que el ojo no tiene obturador. De modo que es como si hubiera una exposición continua. Cuando uno nace empieza la exposición. Cuando uno muere se cierra. Es la única exposición. La vida es una larga exposición».
Hiroshi Sugimoto

Sugimoto Dioramas

Sugimoto - Lightning Fields

A rasgos generales podría describir la obra de Sugimoto como una experiencia exquisita.

Ya por la tarde estaba lista para tomar nuevamente el tren a Santander y en el camino disfrutar del sabor reciente de las dos exposiciones que acababa de visitar para luego empezar a escribir estas líneas que ahora comparto.

Mis Rutas

Salamanca, Tierra de Saberes.

marzo 28, 2016
Salamanca Tierra de Saberes, rutafotografica, Ruta Fotográfica

Siempre quise conocer Salamanca. Allí fue donde estudió mi padre, teniendo el privilegio como dicen que decía de haber sido alumno de Miguel de Unamuno. Hace un par de meses fuimos a Salamanca como muchas otras cosas en mi vida, por casualidad. Miguel, mi esposo, tenía que presentar un examen para la obtención de la nacionalidad española y le tocó hacerlo en allí, así que aprovechamos para tomarnos unas mini-vacaciones.

Salimos muy temprano de casa y llegamos a eso de las 11 de la mañana, llovió todo el día pero la lluvia no nos impidió salir a caminar y conocer el casco antiguo de la ciudad. Sus calles están siempre llenas de gente, dicen que en cualquier época del año. No somos de los que recorren sitios de interés turístico cuando viajamos, pero en este caso habían lugares que eran obligatorios y como teníamos poco tiempo nos dedicamos al recorrido típico. Plaza Mayor, Universidad de Salamanca (la más antigua de España en actividad), Universidad Pontificia, Casa de las Conchas…

El casco antiguo está lleno de tiendas y locales que sorprenden. Hay muchas pequeñas librerías de libros antiguos.

Salamanca Tierra de Saberes, rutafotografica, Ruta FotográficaTambién descubrimos La Malhablada, un lugar donde presentan micro teatro. Es un local pequeño en vertical, tiene 3 plantas que incluyen la azotea donde está la cafetería y se puede salir a disfrutar de las vistas de la Universidad Pontificia. En la cafetería esperas a que te llamen para entrar a la obra que has escogido y que tendrá lugar en una de las habitaciones de las plantas de abajo. Hay varias obras que se presentan a la vez en diferentes horarios y puedes ver una o cuantas quieras. Nosotros nos decidimos por “Los Sótanos del Hospital General” y nos encantó.

Salamanca Tierra de Saberes, rutafotografica, Ruta FotográficaY por supuesto el Café Novelty, fundado en 1905 es el más antiguo de la ciudad. Este se convirtió en el punto de encuentro de escritores, artistas y políticos, estoy segura que mi padre iría allí a menudo en sus tiempos de estudiante.

Quedé encantada con el detalle de la entrada al Café. Con ganas de volver pronto con más tiempo para disfrutar de está encantadora ciudad.

¡Hasta pronto Salamanca!

Historias

La Fotografía Familiar

marzo 13, 2016
La fotografía familiar, rutafotografica, Ruta Fotográfica

Fotografía y lectura

La Fotografía Familiar, Ruta Fotográfica, rutafotograficaTenía tres años y medio cuando murió mi padre. No recuerdo mucho de él por lo que sus manías, gustos y pasiones los supe a través de mi madre y el resto de la familia. Era abogado penalista, escribía, le encantaba la música y tenía dos grandes pasiones: la fotografía y la lectura.

Desde pequeña me enseñaron que los libros son sagrados. Heredé de mi padre una grandísima colección de libros que he ido leyendo poco a poco y que inevitablemente se ha ido reduciendo debido a mis continuas mudanzas. Cuando te mudas mucho aprendes en carne propia que nada es permanente pero siempre hay algo a lo que te aferras. Las fotografías tienen algo de magia y algo de contradictorio. Cuando aprietas el disparador de la cámara el momento queda de inmediato en el pasado pero a la vez has capturado ese momento para hacerlo perdurable en el tiempo. Cuando ves mucho una fotografía te ayuda a recordar o a no olvidar. En esta imagen mía con mis padres yo tenía dos años y medio, sin embargo recuerdo el momento en que nos tomaron esa foto y así he podido conservar ese recuerdo que como las fotografías a veces se destiñe un poco, pero ahí está presente, de los escasos momentos que pasé con mi padre.

La fotografía familiar, rutafotografica, Ruta Fotográfica

La magia de mirar fotografías

Otra cosa que aún conservo es la cámara de mi padre, una Leica M3, ahora de colección. Con ella me tomó muchas fotos aunque su modelo favorita era mi madre, una mujer espectacular en su juventud. Mi padre era muy metódico y apuntaba todos los datos de cada fotografía que tomaba. La Fotografía Familiar, rutafotografica, Ruta FotográficaTambién tengo montones (cuando digo montones es porque son montones) de fotos de mis abuelos y de mi madre y mis tíos cuando eran pequeños, fotos que datan de principios del siglo XX. Esas sí que me han acompañando a lo largo de mis viajes y mudanzas. En ellas hay personas que ni siquiera llegué a conocer, como mi abuela paterna por ejemplo y amigos de la familia; excursiones a la playa y a la montaña; retratos frente a coches antiguos. En fin: maravillas. Algunas de estas fotografías están desteñidas, ajadas, arañadas y hasta rotas pero no importa, las conservo como joyas y a veces, en ocasiones especiales, cuando vienen mis hijas de visita las sacamos y pasamos horas mirando, recordando y reconstruyendo historias.

Si tienes que dejar tu casa en un apuro para nunca más volver, ¿qué te llevarías?

Cuando daba clase de fotografía en la universidad, solía hacer una rutina de preguntas para que todos nos presentáramos, la última pregunta era: Si hubiera un terremoto o incendio y tuviereis algo de tiempo para coger lo más importante antes de salir huyendo ¿qué cogeríais? La mayoría de las personas suelen responder que cogerían las fotos, los álbumes familiares. Ahora probablemente sería el ordenador.

Pero en general, todos queremos siempre llevarnos nuestros recuerdos, las imágenes de nuestros antepasados y de nuestros hijos. Son esas cosas que no tienen valor para nadie más sino nosotros mismos y eso es lo que lo hace tan especial. Es por eso que en mis más de 15 mudanzas en los últimos 18 años he ido liberándome de muchas cosas menos de mis fotografías.

La fotografía como recuerdo, rutafotografica, Ruta Fotográfica

Aunque la experiencia de tocar las fotos antiguas en papel e inclusive sentir su olor es insustituible, la tecnología nos permite ahora conservar esas imágenes en forma digital y darles una vida nueva. Podemos escanear las fotos, limpiarlas, restaurarlas y guardarlas digitalmente o imprimirlas de nuevo en un libro fotográfico o individualmente para que vivan en un marco de retrato. Podemos duplicarlas o hacer múltiples copias de libros para dejar como legado a nuestros hijos. Ese es uno de mis proyectos en marcha que voy haciendo poco a poco: “Proyecto Familia”.


Sobre Fotografía

Fotografías: ¿Qué hacer con ellas?

marzo 12, 2016
¿Qué hacer con las fotografías?, rutafotografica, Ruta Fotográfica

¿Qué hacer con las fotografías?

Estoy segura que todos nos hemos hecho la misma pregunta muchas ¿qué hacer con las fotografías? Sobre todo con TANTAS fotografías, porque parece que se reproducen solas.

Las fotografías se acumulan

Si como yo vienes de la era analógica tendrás montones de negativos y de fotos impresas. Algunas con suerte estarán archivadas en carpetas, otras en algún marco que sobró de una exposición, pero la gran mayoría estarán en cajas esperando el día que tengas “tiempo” para organizarlas y “ver” qué hacer con ellas.

Si has seguido con tu afición ahora estás en la era digital y eso ha generado más producción de imágenes. Ahora no se toman carretes de 24 o 36 exposiciones como antes, ahora tenemos tarjetas de memoria (más pequeñas que un carrete) donde caben miles de fotografías. Cuando salimos de paseo vamos de vacaciones con la familia regresas con infinidad de fotos y así cada vez que se te ocurre sacar la cámara de su forro. Aparte de las cajas y las carpetas físicas ahora también tienes discos duros llenos de imágenes digitales, carpetas virtuales en el escritorio del ordenador, imágenes sueltas, en Facebook o Instagram o cualquiera de las tantas aplicaciones que hay para subir y alojar fotos en internet.

Como artistas visuales, la meta final de la mayoría de los fotógrafos, no todos, (no nos olvidemos que hay personas como Vivian Meier) es mostrar nuestras fotografías.

A continuación te quiero introducir a dos maneras que utilizo para darle a mis proyectos un final feliz.

Un blog

¿Qué hacer con la fotografías?, rutafotografica, Ruta Fotográfica

Un blog es una forma organizada de exponer nuestras ideas, que ofrece estructura a tus imágenes y que permite compartirlas con amigos, familiares, alumnos (si eres profesor de fotografía), clientes si tomas fotos de eventos, en fin con todo usuario de internet. El blog, a contrario de una página web, te permite recibir comentarios, interactuar con tus lectores y desarrollar una relación con ellos.

Tu llegaste a mi buscando algo y a través de este blog se ha establecido una conexión.

Un libro

¿Qué acer con las fotografías?, rutafotografica, Ruta Fotográfica

Otra manera de conservar las fotografías y darle forma final a un proyecto es hacer un libro. Existen diversas maneras de editar libros on demand y por precios muy razonables. Es perfecto para cerrar un proyecto de un viaje o para regalar a la familia cuando ha habido un evento importante como un matrimonio o primera comunión. Inclusive se puede editar un libro que contenga tu portfolio y que luego puedes usar para mostrar en galerías donde quieras enseñar tu trabajo.

 

 

Durante las rutas fotográficas que organizamos podrás, no solo aprender a sacar tu potencial como fotógrafo y como viajero, sino que también conocerás herramientas para darle una vida más permanente a tu trabajo fotográfico y a tus experiencias como ser humano. Tendrás la oportunidad de aprender a crear un diario visual de tus experiencias y de tu vida a través de tus fotografías.

Historias, Mis Rutas

Mi Ruta por Galicia

marzo 8, 2016
Mi Ruta por Galicia, rutafotografica, Ruta Fotográfica

Cambios repentinos

Este grupo de fotografías ha llegado a través de cambios repentinos e inesperados – accidentes de la vida. Mi salida de Santa Fe fue inesperada; mi traslado a España fue inesperado, mi ruta por Galicia fue una sorpresa total. La vida surge en olas aleatorias en medio de la cual anhelo un poco de orden, sentido histórico, secuencia y, por tanto, lógica.

Llegamos a Valencia, pero traía una sensación de desgarre que no me permitía estar bien en ningún sitio. Un día por la mañana recién levantados, yo seguía con mi actitud de desdicha y Miguel, mi marido, tomó la determinación de ir a otro lugar, sin recordar que el equipaje lo llevamos a cuestas donde quiera que vayamos. Pero en fin… buscando oportunidades, alivio a mi tristeza y agua para sus siembras organizamos expedición a Galicia.

¿Abandono?

A primera vista Galicia era la tierra de oportunidades que buscábamos. Muchas fincas, agua que brotaba de la tierra en infinitos manantiales, casas de piedra esperando que alguien llegara a restaurarlas para darles nueva vida. Sin embargo no sentí bienestar en esas tierras, un halo de tristeza envolvía cada piedra, cada cabaña que fimos a ver, el aire, un vacío. Probablemente yo veía lo mismo que moraba dentro de mi.

Los hombres y las mujeres de Galicia abandonaron sus casas de piedra en busca de prosperidad, en la tierra o en el cielo. Parece que las dejaron de repente, por un accidente o un imprevisible cambio de acontecimientos. Pero dejaron su ánima en sillas, utensilios y ropa, sólo celebrada por el polvo y las telarañas. El residuo de su fuerza de vida me tranquiliza, es como una manifestación de sentido, de historia.

Ahora estás aquí y mañana no sabes dónde estarás. La vida es hoy, no hay ataduras, nada es permanente.

Mi ruta por Galicia me dejó la certeza de volver, caminando por el Camino de Santiago, y un grupo de imágenes que ahora comparto con todos mis lectores.

Historias

5696 Fiestas

marzo 7, 2016
5696 Fiestas, rutafotografica, Ruta Fotográfica

Los españoles saben pasarla bien

5696 Fiestas entre julio y septiembre

Según información de portalfiestas.com, entre julio, agosto y septiembre se celebran aproximadamente 5696 fiestas en España, 1803 en el mes de septiembre,  2717 en agosto y 1176 en julio. Patronales, gastronómicas, ferias, etc. Entre pueblos y ciudades, España tiene motivos de celebración diaria: para comer, bailar, cantar, beber y amanecer. La mayoría de las veces las fiestas se originan de un contexto religioso. Los trajes folklóricos, los peinados y tocados, y los instrumentos musicales dan un gran colorido a muchas de estas fiestas a las que todos asisten, desde los más pequeños hasta los mayores.

De sur a norte, sin importar la lluvia o el sol, para los españoles cualquier motivo es bueno para salir a la calle a celebrar, comer unos pinchos y beber una caña.

Las Fallas: ¡Un gran sarao!

Fallas, rutafotográfica, Ruta FotográficaRecien llegados vivimos en Valencia y tuvimos la oportunidad de disfrutar de las famosas Fallas las cuales encierran una gran espectacularidad. Las comisiones falleras se dedican un año entero a su organización. Paellas y pequeñas celebraciones de barrio son patrocinadas por las alcaldías para recaudar fondos para la construcción de las grandes figuras de madera y yeso (ninots). Estas esculturas son monumentales, algunas de más de 20 mts. de altura cuyos costos pueden llegar casi al millón de Euros. Todo este esfuerzo se convierte en cenizas en la madrugada del 19 de marzo cuando se realiza la cremà (la quema) ante la mirada nostálgica de la muchedumbre con lo que se da fin a esta celebración. Pocos días después ya se empiezan a organizar las fallas del año siguiente. En Valencia solo vivimos un año. Visitamos el norte y quedamos encantados con los verdes prados de la zona de montaña en contraste con la cercanía al mar cantábrico. Recorrimos fincas en busca de tierra para sembrar, agradecidos de haber conseguido un lugar donde parecía que el agua no solo caía del cielo sino que brotaba con solo escarbar un poco la tierra. Es por eso que cuando nos mudamos a Cantabria pensamos que por las lluvias frecuentes las fiestas serían menos llamativas, que habrían menos y que la gente sería más de estar en casa. Nada más lejos de la verdad.

¡Nos vamos de fiesta! Llueva, truene o relampaguee.

Nuestros tres primeros días en Selaya, un pueblo pequeño en los Valles Pasiegos, fueron de los más calientes que hemos vivido en Cantabria. Pero esos fueron los únicos días secos de aquel verano, al cuarto día comenzó a llover por semanas seguidas. Por ese tiempo nos vino a visitar una amiga con sus dos hijos, estuvieron pocos días y la pasamos más que todo en casa por la lluvia. Un día habíamos planeado ir a las fiesta de Tezanos, un pueblecito con poco más de 400 habitantes. Queríamos llevar a nuestra amiga y sus hijos a que vieran algo típico de la zona. Ya se estaba haciendo tarde y aunque no paraba de llover decidimos ir a darnos una vuelta por Tezanos.

Las fiestas de Tezanos

Cuando llegamos al pueblo de calles empinadas vimos con sorpresa que no había sitio para estacionarnos, finalmente conseguimos un lugar lejos. Estaba muy oscuro, no había gente por el camino fuimos adivinando por donde ir guiados por una música que se oía a lo lejos. Subimos una colina y llegamos a un gran prado, ya no había oscuridad, por las luces parecía que más bien nos acercábamos a un estadium de futbol. Vimos con sorpresa que había no uno, sino dos grandes escenarios con sendas orquestas que tomaban turnos para tocar desde rock hasta un potpourri de canciones infantiles que todos los presentes tarareaban mientras bailaban sosteniendo sus paraguas. Fue cuando caímos en cuenta que en España las fiestas son parte de una cultura decidida a pasarla bien, en compañía y sobre todo fuera de casa.

La Virgen de Valvanuz

Poco después, el 15 de agosto, se celebra el díaValvanuz, rutafotografica, Ruta Fotográfica de la Virgen de Valvanuz , una de las más famosas fiestas de los Valles Pasiegos. Visitantes no acostumbrados a las casi perennes lloviznas de la zona esperarían ver aplacadas dichas fiestas ante la insistencia del mal tiempo. Sin embargo, lo que ven con asombro es cómo los lugareños nuevamente cogen sus paraguas para bailar y celebrar hasta el amanecer. En la pradera junto al santuario se reunen jóvenes y mayores; se realizan misas, bailes regionales, romerías, etc.  Esta fiesta se une a la de San Roque, La Señora de las Nieves, los Casados y otras fiestas de los alrededores. En realidad son varias juntas con lo cual el jolgorio dura muchos días.

No hay una ciudad, pueblo o caserío en España que no tenga su propia fiesta.